viernes , 26 abril 2019
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DISFRUTA DEL VERANO EN EL VALLE DEL JERTE

     Disfruta del verano en el Valle del Jerte bañándote en las numerosas pozas y piscinas naturales del río y las gargantas que bajan de las cumbres. Aprovecha el verano en el Valle del Jerte para pasear por sorprendentes senderos entre los alisos, sauces, almeces y chopos en sus riberas o entre los cerezos, robles y castaños de sus laderas. Descubre los atractivos de sus once pueblos, la buena conservación de sus calles y edificaciones tradicionales y la excelente oferta gastronómica de sus restaurantes.

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     El Valle del Jerte merece la pena visitarse en todas las épocas del año: en otoño gozamos con el espectáculo cromático de los amarillos, rojos y ocres de sus millones de cerezos, robles y castaños, en invierno disfrutamos con la gastronomía y las fiestas de sus pueblos, en primavera nos sorprende la espectacular floración de los cerezos y el despertar de la exuberante naturaleza que lo puebla. Pero es en verano cuando el Valle del Jerte ofrece sus recursos en todo su esplendor: las picotas han madurado, por las gargantas y piscinas naturales fluye agua fría y cristalina, los robles y castaños dan sombra a los senderos y los restaurantes nos deleitan con sabrosos elaboraciones de productos de la tierra.

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     Sin duda son las gargantas las estrellas del verano en el Valle del Jerte. Son tan numerosas, que podemos optar por descubrir una nueva cada día o gozar diariamente de la más popular y fascinante de todas, la Garganta de los Infiernos. Esta garganta está enclavada en la Reserva Natural del mismo nombre, famosa por sus “pilones”, pozas escavadas por la erosión en enormes rocas graníticas, ideales para el baño. También podemos disfrutar de las numerosas piscinas naturales del propio río Jerte, formadas en pequeños remansos del río, completados en ocasiones con pequeños muros de contención hechos por el hombre. Muchas de estas piscinas naturales están perfectamente acondicionadas, dotadas de cómodos accesos y rodeadas de todo tipo de servicios.

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     Tampoco nos podemos perder el encanto de los once pueblos que conforman el valle y que podemos intuir en el vídeo de Soprodevaje El Valle del Jerte y sus pueblos. Para ello proponemos iniciar el recorrido en Plasencia, subiendo por la nacional 110 que transcurre junto al río y nos lleva hasta el Puerto de Tornavacas, límite con la provincia de Ávila.

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     El primer desvío a la derecha nos lleva hasta Casas del Castañar, que debe su nombre a los secaderos de castañas que levantaron en ese lugar los vecinos de la hoy despoblada villa medieval de Asperilla. Su trazado urbano es irregular con calles estrechas y ensombrecidas por las altas casas con solanas en el último piso para secar los productos del campo. El edificio más destacado es la iglesia de San Juna Bautista y deben visitarse también el Museo de Marceliano Sayán y el Espacio Morán de Arte Contemporáneo. Dispone de una zona de baño en el río Jerte, el charco Benidorm, justo en el cruce de la carretera de El Torno.

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     Subiendo por la misma carretera llegamos en pocos kilómetros a Cabrero, un pequeño pueblo que fue inicialmente un barrio de Piornal. Sus calles son también estrechas y en pendiente y en sus casas predominas los mampuestos y los entramados con sobresalientes solanas. Su iglesia de San Miguel fue edificada en el siglo XVIII. Cuenta con una piscina natural en la Garganta del Rabanillo.

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     A continuación, seguiremos subiendo por la carretera que conduce a La Vera hasta llegar a Barrado, situado en lo alto de la sierra que separa a las dos comarcas. Fue fundada en la Edad Media y obtuvo el título de Villa en el siglo XVIII. A pesar de su altura, las casas de mampostería alternan con las de entramado de adobe y madera. El edificio más notable es la iglesia de San Sebastián, iniciada en el siglo XVI pero con ampliaciones hasta el siglo XVIII. Otro recurso importante es el Roble Grande de la Solana, declarado Árbol Singular por la Junta de Extremadura y situado en lo alto del puerto de Rabanillo, desde donde se pueden contemplar paisajes espectaculares.

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     Aún tendremos que subir más para llegar a los 1.175 metros de Piornal, el pueblo de la región situado a mayor altura No obstante, el hecho de estar ubicado en un altiplano le ha permitido un desarrollo urbanístico más geométrico y menos tortuoso que los demás pueblos serranos. Sus edificios más significativos son el Palacio del obispo placentino Pedro González de Acevedo, en cuya fachada luce el blasón episcopal y asoman esbeltas columnas toscanas, y la iglesia de San Juan Bautista, cuya torre data del siglo XIV. Pero quizás lo más llamativo de la localidad hoy día sean las fachadas rehabilitadas y decoradas con motivos de la cultura local por alumnos y profesores de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. Ya rehabilitaron seis fachadas en 2012 y 2013 y este verano rehabilitarán otras cuatro. Y, naturalmente no podemos olvidar lo más conocido de Piornal, El Jarramplas, fiesta que se celebra en enero y que ya describimos en un artículo anterior.

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     Desde Piornal empezamos a bajar hacia el río, pero a pocos metros de la localidad debemos parar en un mirador para contemplar las hermosas vistas que se divisan desde esta altura. Más abajo es imprescindible desviarse a la derecha por una estrecha carretera para visitar la Cascada del Caozo, una de las más atractivas del Valle del Jerte por su altura y por la abundante vegetación que la rodea. En invierno el estruendo del agua es impresionante y actualmente se pude admirar la cascada desde muy cerca gracias a una controvertida pasarela de hierro. También podemos refrescarnos en la piscina natural de la Garganta Bonal, a un kilómetro de Valdastillas.

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     A escasa distancia nos encontramos con la localidad de Valdastillas, que nos sorprende por sus calles estrechas y tortuosas, adaptadas a la fuerte pendiente del terreno. Calles flaqueadas por típicas casas de la sierra, construidas con adobe y madera y en las que sorprenden las galerías y balconadas por su mucho vuelo y longitud. En la parte superior de la localidad se encuentra la iglesia renacentista de Santa María de Gracia, construida en el siglo XVI y en la que sobresalen dos magníficos retablos de cerámica talaverana.

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     Desde allí bajaremos por una estrecha carretera entre cerezos, que en ocasiones la invaden con sus ramas, hasta llegar a las instalaciones de la Agrupación de Cooperativas y adquirir algunos de sus exquisitos productos: cerezas, si estamos en temporada de recogida o sus derivados, licor, aguardiente o mermeladas. Si queremos más información de estas instalaciones y de sus productos podemos visitar la web de la Agrupación de Cooperativas Valle del Jerte.

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     A continuación, cruzaremos la carreta nacional y el río Jerte para subir por la margen derecha del Valle hasta llegar a Rebollar, el pueblo más pequeño de la comarca. Sus calles son estrechas, tortuosas y empinadas, con casas cuyos aleros y balcones casi se tocan. Muchas de sus casas se asientan sobre rocas graníticas, como las famosas “Casas del Canchal”, montadas sobre imponentes rocas de dudoso equilibrio. La iglesia parroquial de Santa Catalina data del siglo XVII y es poco más que una sencilla ermita.

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     Siguiendo por la carretera, llegamos en pocos kilómetros a El Torno, una típica localidad montañesa, con casas de piedra, aunque también se pueden observar otras de entramados de madera y adobes. El lugar debió estar habitado desde los albores de la humanidad pues en sus alrededores se han encontrados restos de tiempos prehistóricos, romanos y árabes. La iglesia de la Virgen de la Piedad es de mediados del siglo XVI y en su retablo barroco destaca por la talla hispanoflamenca de la Piedad del siglo XV. La localidad cuenta con piscina natural y varios charcos en el río Jerte.

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     Volvemos a tomar la nacional 110 para subir en dirección al puerto de Tornavacas y la primera de las cuatro localidades situadas a la orilla del río Jerte que nos encontramos es Navaconcejo. Empezó siendo un menudo concejo medieval hasta que en el siglo XVII compró el título de villazgo, lo que le proporcionó independencia de Plasencia y Cabezuela. Su caso histórico está estructurado en torno a la antigua calle real, larga y paralela al río. Predominan las casas de entramados de madera y adobe, con solanas voladizas, aunque de vez en cuando surgen algunas notables viviendas de cantería con inscripciones o escudos en la fachada, como la antigua Fábrica de Sayales, convertida hoy en Casa de Cultura. En la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVI, destaca su torre de tres cuerpos, construida en el siglo siguiente. En la garganta de las Nogaleas podemos admirar varias cascadas y en el río Jerte podemos bañarnos en la piscina natural el Pilar.

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     A pocos kilómetros encontramos el pueblo más poblado de la comarca, Cabezuela del Valle. Su casco histórico, declarado Conjunto Histórico Artístico, rompe la estructura lineal de las demás villas y presenta una forma urbanística triangular. Sus construcciones fueron descendiendo desde el cerro en que se fundó hasta las orillas del río, conformando un conjunto de calles repinadas y laberínticas, con callejones umbríos que recuerdan las juderías. La calle principal transcurre paralela al río y en ella existen varios edificios con fachadas de sillares con escudos nobiliarios, símbolos y anagramas. La iglesia de San Miguel Arcángel se asentó sobre el solar de la antigua sinagoga, siendo su torre la edificación más antigua, siglo XVI, sufriendo el templo reconstrucciones en los siglos XVII y XVIII. También son dignos de visitarse el Museo de la Cereza y el Centro de Interpretación sobre el Agua, pudiendo bañarse en una de las tres piscinas naturales: la Pesquerona, la Picaza y el Vao.

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     Siguiendo la carretera, llegamos a la localidad de Jerte, reconstruida casi en su totalidad después de su destrucción por los franceses en la Guerra de la Independencia. Las edificaciones conservaron su primitiva estructura de entramados de adobe y madera o de sillares con arcos de pedio punto y escudos con orla. El pueblo está estructurado a lo largo de dos vías principales, la antigua Calle Real y la carretera y en medio de las dos está  la Plaza de la Independencia, de la que parten diversos callejones en dirección a una y otra vía. La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción fue construida en el siglo XVIII, aunque la torre es de origen medieval. Desde Jerte sale el camino para visitar la Garganta de los Infiernos, siendo recomendable visitar con anterioridad el Centro de Interpretación de la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos, situado al inicio del camino. A su paso por el pueblo, existen en el río dos piscinas naturales: el Nogalón y la Tenería.

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     Tornavacas es el último pueblo que nos encontramos antes de salir de la región por el puerto del mismo nombre. Su denominación se debe a la expresión “tornan las vacas”, acuñada a raíza de la victoria lograda contra los moros utilizando vacas con teas encendidas en los cuernos y que cada año se conmemora en la fiesta popular “Ya tornan”. El pueblo está estructurado en torno a su Calle Real, dividida en tres tramos (de arriba, de en medio y de abajo) unidos por dos puentes (el medieval Cimero y el de la Puentecilla, con un templete dieciochesco). En el centro existen dos plazas, la del Ayuntamiento y la de la Iglesia. Las edificaciones populares no difieren de las del resto de los pueblos de la comarca, pero abundan más las casas señoriales, con balcones de escaso vuelo y con cuidadas fachadas adornadas con escudos nobiliarios. La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es del siglo XVII y lo más destacado son sus retablos de los siglos XVII y XVIII y la imagen barroca del Cristo del Perdón.

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