lunes , 25 marzo 2019
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LA FORMACIÓN EN HOSTELERÍA

     La formación en hostelería es considerada por los empresarios, los trabajadores y la Administración como un requisito imprescindible para el desarrollo del sector. Los tres defienden la necesidad de mejorar la formación de quienes trabajan en la hostelería y de incrementar los recursos que se destinan a este fin. Pero cuando tratamos de concretar la idea que cada uno de los tres colectivos tiene sobre el tipo de formación que se necesita, comprobamos que existen importantes diferencias.

     Estas diferencias están motivadas por los distintos intereses que defiende cada colectivo que, por lógica, no pueden ser idénticos. Esto no quiere decir que sean necesariamente incompatibles y lo natural es que, negociando, se puedan alcanzar acuerdos satisfactorios para todos.

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     En un sector con tantas empresas, empresarios y trabajadores y en el que inciden tantos organismos públicos, es difícil generalizar y siempre habrá personas y colectivos que no se sientan identificados con lo que aquí se dice de ellos. Soy consciente de que algunos tendrán razón, pero considero que las prioridades de la mayoría de cada uno de los colectivos en el tema de la formación en hostelería pueden resumirse así:

  • Los empresarios demandan una formación específica para que cada trabajador pueda desempeñar mejor las tareas de uno o varios grupos profesionales, de corta duración y centrada más en la cantidad que en la calidad.
  • Los trabajadores del sector y quienes pretenden trabajar en él prefieren una formación que les faculte para subir de categoría profesional o les permita acceder a un puesto en las empresas públicas.
  • La Administración opta por una formación más general y extensa, que sirva para conceder certificados de profesionalidad y elevar los índices de formación profesional de la población.

     Estas prioridades no son excluyentes, sino perfectamente compatibles, aunque comprendo que son difíciles de diseñar y que se tardaría tiempo en ponerlas en marcha, pero la solución no puede ser seguir con la inercia actual. Si analizamos la realidad de la formación en hostelería que se está impartiendo en la actualidad, nos encontramos con graves contradicciones en cada uno de los tres colectivos:

  • Los empresarios, como no se ajusta a sus prioridades, valoran poco la formación a la hora de contratar, primando más la experiencia, lo que desincentiva a quienes estarían dispuestos a sacrificarse para conseguir mayor formación.
  • Los trabajadores que tienen experiencia, ante la escasa receptividad de los empresarios y la nula repercusión sobre su situación laboral, son reacios a aprender y poner en práctica enseñanzas sobre los oficios que ya conocen. Y los desempleados que quieren acceder al sector sólo desean aprender las cuatro reglas que les va a exigir su posible empleador.
  • La Administración selecciona a los alumnos de sus cursos en función de las exigencias de los certificados de profesionalidad, que la mayoría de las veces no cumplen quienes están más interesados en trabajar en el sector. También dificulta el acceso de muchas personas verdaderamente interesadas el hecho de que, en la mayoría de los cursos, especialmente en aquellos que compensan a los alumnos con alguna prestación económica, se seleccione a éstos en función de las necesidades económicas o se excluya a quienes están trabajando, aunque sea en el sector y con un contrato precario de fines de semana.

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Todo ello nos lleva a que, en la mayoría de los casos, la formación que se importe no da respuesta a las prioridades de los tres colectivo, dificultando elevar el nivel de calidad de la oferta hostelera de nuestra región. Sólo veo dos posibilidades de dar satisfacción a los tres colectivos:

  1. Analizar a fondo las prioridades de cada uno para descubrir los puntos que pueden ser coincidentes y negociar a tres bandas la puesta en marcha de una oferta formativa que pueda satisfacer las prioridades de todos.
  1. Ofertar distintos tipos de formación para dar respuesta a las necesidades y prioridades de cada colectivo.

     Considero que estas dos opciones son perfectamente viables y compatibles, pero necesitarían tres actuaciones previas para ser eficaces:

1ª) Concienciar a los empresarios de la importancia de una formación integral para la prestación de un servicio de calidad que favorezca la llegada y fidelización de clientes.

2ª) Estimular la demanda de formación por parte de los trabajadores mediante compensaciones económicas y sociales por la asimilación y puesta en práctica de los conocimientos adquiridos.

3ª) Orientar la formación facilitada por la Administración a las demandadas de los empresarios y destinarla a quienes demuestren unas actitudes y aptitudes positivas para incorporarse al sector.

Espero que esta reflexión contribuya al análisis y debate sobre la problemática de la formación en hostelería y confío en recibir aportaciones de todas las personas que quieran contribuir a ello.

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